
Y aún algos, en expresión cervantina. Incluso mucho, muchos, parece ofrecerse en el arte insólito, atípico, de Felipe G. Haba. ¿Pintor sólo?. No, por cierto. Y escultor ¿además?. Tampoco queda en eso. Maestría, pericia primor son, sin duda, sus dones, su armas, sus carismas. Pero, sobre todo, su fuerza es algo más suyo, que no se ve a primera vista pero se presiente: que goza en su oficio, en sus oficios mas bien, pues la pluralidad es evidente; en su tarea. Se divierte en hacer lo que hace. Se recrea en el recrear; en el crear, recreándose, en lo que sale de sus manos, antes pasado por su mente y su voluntad, su deseo y sus vivencias.
Pincel, papel labrado, collage, la huella de los tórculos, los prodigios modernos de la silicona y el poliéster, la liberación del corte, tradicional. Es decir del marco como elemento importantísimo del mismo, ineludible, pero no irreformable, de la pintura; el saltarse picasianamente los bordes, el revasar la orla, como ya hizo hace tres mil años algún pintor cerámico de Liria; alguna licencia subrealista, como los relojes doblados; un erotismo elegante, y, como tal, refrenado; un alegórico y decidor lenguaje..
La piedra, el plástico, el barro, la moldura abierta, rota, pero manteniendo y aún lujosamente enriquecida, su obsesión esencial por el marco, al que hay que volver a referirse, que se escapa y luego se recobra, un poco off the record. La evidencia afortunada y elegantísima de ewigweibliche goethiano, es decir de un eterno femenino simbólico y más perenne cuanto más velado, alrededor de la más Venus de todas las venus. Unas plantas inspiradas en aquellas flores prensadas románticamente en libros de versos y novelas de amor, o como por ejemplo de un primer contacto estudiantil con la Botánica. No es realismo, tampoco es cosa idealista, quizás el nuevo barroco, the new barroco que dice el artista. ¿Esculto-pintura?. Quizás, pero sin obsesión de tipificar géneros y técnicas, y, menos géneros anfibios.
El papel modelado, o las puntillas, o sus huellas, los bordados, los ropajes, su imagen, grabado todo en el juego, éste si bien barroco, de no saberse si son o lo parecen.
Es un arte espeso e grand como la Valencia cidiana; fuera de todo canon lo es él.
Cuadros que no son cuadros geométricamente; marcos que se abren, sin dislocarse, ni perderse, pues se reencuentran en un más allá próximo, añadido, recrecido. Es un mundo de sorpresas. ¿Grato?. Sincero. Acusado. Evidente. Un arte no sujeto a lo que Leonardo Argensola llamó el rigor de los preceptos, pero sujeto al precepto que es él.
Creado por la vida, y vivo en el mundo, no tan sin ley, de lo barroco. Hijo del siglo XX en sus últimos lustros, que presiente y efigia lo que será el prometedor XXI, que por lo menos, será menos malo que su antecesor...
FELIPE Mª GARIN ORTIZ DE TARANCO
Presidente de la Real Academia

Dentro de esta onda de interés hacia la
creación tridimensional, que incluye el fenómeno de la incursión de pintores en la
experiencia escultórica, cabría situar, en estos momentos, el campo experimental donde
se desarrollan las actuales inquietudes y terreno de investigación del artista utielano,
afincado en París, Felipe García-Haba. Area que el pintor a bautizado con el nombre de
"The New Barroco"; denominación con reminiscencias, evocaciones, de su reciente
estancia en Nueva York, cuyos rascacielos tienen somera pero contundente presencia en esta
muestra que nos ocupa.
Durante mi visita a su estudio aquí en
Valencia - que simultanea con el de París y Nueva York- me hablo con entusiasmo de su
quehacer plástico actual: no cabe la menor duda que goza profundamente con la
"fusión" reflexiva de los diversos elementos que baraja y dispone con
maestría. Así, madera, pintura, resinas, poliéster, bronce, cobre, se entrermezclan y
reparten hábil y oportunamente, bordando la trama definitiva. El resultado está ahí.
Todavía calientes, las obras que Felipe García-Haba nos presenta en primicia. Habiendo
manifestado la voluntariedad de que fuese su tierra natal la que acogiese inicialmente el
nuevo trabajo, resultado de sus presentes indagaciones. Relieves de progresivo
refinamiento en los más mínimos detalles; en los que deja sobreentendidos con mayor
sobriedad y sutileza esos elementos simbólicos que siempre fueron de su preferencia. A
los que ha adicionado variantes de geometría espacial inteligentemente incorporados.
Hace años que sigo la trayectoria artística
de Felipe García- Haba, habiendo constatado la maduración de su peculiar discurso. La
vía alegórica que las piezas han insinuado en sus temas, aparecen ahora teñidas de
cierta ironía. Momento de soterración crítica de parte de los elementos humanos y
afloración sin apenas excusas, casi astutamente, del propio quehacer técnico,
perfeccionista.
Una serie de cuadros realizados en materias nobles, en base al módulo cuadrado que,
ulteriormente, fracciona -geometría de proporciones- en cuartos octavos, y adiciona
alrededor, en impulsos irrefrenables a escapar a cualquier limitación espacial. Su
método es singular; trasladando escrupulosamente a la superficie del módulo elementos
previamente elaborados mental y físicamente. Es una suerte de vocabulario básico, a la
vez formal y simbólico, con el que el artista establece un juego combinatorio; mudando
las escalas y las asociaciones de los citados elementos, hasta conformar la serie y ciclo
temático que le ocupa.
Felipe García-Haba con estas creaciones
recién salidas de sus manos, nos propicia el seguimiento y valoración de su permanente
evolución e incesante actividad. Ofreciéndonos aquellos, matices trascendentes que
replantean su tarea de reflexión en unos términos a mi entender, mucho más contundentes
y eficaces. Como también esa continuada evolución más lograda con las mutaciones de los
personales recursos pictóricos y escultóricos.
Por lo demás, hay que resaltar que los
mecanismos que determinan la función creativa de sus imágenes, se definen y enmarcan en
la fértil memoria de una cultura tan esencial como la mediterránea, las resonancias
temáticas y plásticas que a partir de ella se abren y la selección tanto de
planteamiento sustanciales como de suficientes rasgos de novedad.
OLGA REAL
Crítica de Arte. Miembro de la AICA